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El experimento de Shanghai

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La nueva marcha de la economía de China tendrá en Shanghai uno de los principales escenarios. Nada nuevo bajo el sol de un país que tiene hoy más que nunca la necesidad imperiosa de garantizar el crecimiento. Pero poco o nada se ha anticipado de esa nueva guinda bautizada como ‘área de libre comercio’,  inaugurada oficialmente hace una semana. De momento solo se sabe que se restringirá a una zona de poco menos de 30 kilómetros cuadrados en el que se permitirá la convertibilidad del yuan, se establecerá un nuevo mecanismo para determinar los tipos de interés bancarios (que en China fija únicamente el Gobierno) y se abrirán a la competencia extranjera sectores como la banca, las telecomunicaciones o los seguros. Aunque ya existen ‘embriones’ como el Parque Logístico de Waigaoqiao, se cree que este nuevo proyecto será decisivo como un nuevo impulso a la economía de libre mercado en todo el país, eliminando las  trabas comerciales a las empresas extranjeras todavía existentes.

Por una parte, cabe esperar que la capital financiera de China se convierta en el motor del país, como lo fue en 1978, cuando, como consecuencia del cambio de rumbo aperturista de Deng Xiaoping, cuya frase más célebre fue ‘enriquecerse en glorioso’, Coca-Cola abrió su primera planta en la ciudad. Nada nuevo en una megalópolis que alberga los principales bancos y firmas de inversiones, acreedora de los proyectos faraónicos de un Gigante que ha tenido que levantar el pie del acelerador para ‘crecer menos, pero crecer mejor’, como dijo el anterior Primer Ministro, Wen Jiabao.

El vínculo de Shanghai con esta nueva China parece tener más que ver con un golpe de timón por el control de las nuevas élites económicas que con la voluntad de garantizar inveriones extranjeras. La decisión parece responder al afianzamiento económico de un país ‘a imagen y semejanza’ del nuevo líder Xi Jinping, de quien cabría recordar su sintonía con el llamado ‘clan de Shanghai’, el círculo de poder y capitaneado por el exlíder Jian Zeming y su premier Zhu Rongji, quien a su vez fue alcalde de Shanghai, como también lo fue el actual Presidente de China. Habrá que ver la transcendencia económica y política del proyecto, y si éste, tal y como se indica, estará encaminado a eliminar de veras las  tramas comerciales a las empresas internacionales y fomentar un consumo interno (concebido como principal salvavidas del país) o simplemente se trata de una estrategia para formalizar económicamente un cambio de poder político en la segunda economía del mundo.

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