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El cónclave más incierto

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El anuncio de la tercera reunión plenaria del Comité Central del Partido Comunista ha causado mayor impacto fuera que dentro de las fronteras del Gigante Asiático. Las promesas de aperturismo comercial y económico y la necesidad de reformar el sistema desde dentro para ganar competitividad ha originado un enorme revuelo en no pocos medios de comunicación internacionales, los cuales auguraban un auténtico punto de inflexión similar al emprendido en el año 1978 por Deng Xiaoping, impulsor de la apertura comercial del Gigante Asiático y la construcción de la archiconocida simbiosis de ‘un país, dos sistemas’.

 Tiempo habrá de ponderar las decisiones opacas tomadas al albur de uno de los sistemas más herméticos del mundo, solo comparable con el Vaticano (Lluis Bassets). Por ello, y pese a los esfuerzos de los miembros del partido por vaticinar el advenimiento de una nueva era plagada de reformas, poco o nada ha trascendido sobre el contenido del proyecto, quedando todo en el aire a merced de las decisiones de un Presidente del que de momento solo podemos vislumbrar una cualidad: su ansia de poder.

 Y es que el trágico atentado con bomba y la decisión rocambolesca de los partidarios del defenestrado Bo Xilai de crear un partido político alternativo han sido los aspectos que más han trascendido de un ‘cónclave’. Occidente había puesto todas las expectativas en busca de un nuevo panorama internacional más favorable y una flexibilización que facilitara la entrada de inversores extranjeros. Incluso algunos medios se habían atrevido a augurar un incipiente aperturismo político que daría lugar a una transformación profunda en el sistema político de China.

 Nada más lejos de la realidad. La trascendencia (más bien económica) de la reunión podrá verse paulatinamente durante los próximos lustros, pero presumiblemente la percepción a nivel internacional será mucho más lenta y paulatina de lo esperado. El gigantesco apparatchick  de más de 80 millones de militantes, inalterable durante más de sus 90 años de historia, así lo dispone en su esencia. Lo que sí que quizás empecemos a ver más pronto que tarde serán los cambios organizativos al frente de las principales empresas estatales del país, el verdadero caramelo y campo de batalla donde se reside el meollo del poder político y económico.

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