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El drama del hijo único

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Entre el goteo de noticias que han ido calando a colación del cónclave chino, sin duda la flexibilización de la política de hijo único es la que ha causado mayor revuelo social. Que nadie se engañe pensando que dicha decisión responde a una voluntad de mayor aperturismo político y social del Gobierno chino. Se trata de una medida in extremis por salvar el tipo ante el flagrante envejecimiento de la población del Gigante Asiático, con sus inevitables consecuencias en la disponibilidad de mano de obra (preferentemente barata) en la voluntad del nuevo Kan Xi Jinping está la de doblar en un decenio el PIB por cápita del país.

La política del hijo único, vigente desde 1979 en aras de controlar la población, ha sido una de las principales losas con las que han tenido que lidiar las familias del país. Esa ‘orden más difícil de cumplir’, como lo bautizaba la periodista Georgina Higueras, ha causado auténticos dramas personales que iban desde el exceso de celo de las encargadas de hacer cumplir la norma, las cuales se encargaban de “revisar de manera ocular si las mujeres tenían la menstruación en las fechas que les correspondían, practicarles reconocimientos vaginales para comprobar que no estaban embarazadas o forzarlas a abortar” hasta el tráfico de niños, feticidio o infanticidio, especialmente en las zonas rurales.

Sin embargo, las consecuencias de la aceptación del hijo único van mucho más allá de su violenta implementación. Los nuevos chinos fruto de esas políticas son las generaciones que hoy se integran al mercado laboral, jóvenes acosados  por la extrema responsabilidad de formar una familia. Los padres de ayer invirtieron todo su dinero y esfuerzos en sus hijos únicos, convertidos hoy en “pequeños emperadores déspotas” del clan familiar pero sobre el que cae la enorme responsabilidad de éxito sin margen de error. La elevada competitividad, especialmente en las zonas urbanas, lleva a muchos jóvenes a buscar pareja desesperadamente. Muchas chicas con trabajos y salarios altos se ven abocadas a la soltería forzada ante la dificultad de encontrar un posible marido que acepte convivir con alguien de un estatus socioeconómico superior, y muchos chicos se ven desesperados ante  la exigencia de una base económica más que holgada que satisfaga las necesidades de sus pretendientas, o simplemente no encuentran pareja por una cuestión de estadística (no hay que olvidar que como consecuencia de la política del hijo único hoy  hay más hombres que mujeres). Un auténtico drama lleno de paradojas del que ahora se empieza a sufrir las consecuencias.

Foto:Getty Images

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